jueves, 20 de octubre de 2011

La Reelección Permanente.

Cuando Díaz promueve su tercer mandato presidencial, a logrado constituir un amplio bloque en el poder constituido por los terratenientes, los banqueros, los grandes comerciantes, los industriales, el clero, los militares y el capitalismo extranjero y sus representantes. Las disputas entre las fracciones de la burguesía no desaparecieron, pero se subordinaron a la solución que da el presidente, convertidos en el juez de estos conflictos. Presentando como logros, los apoyos obtenidos del capital extranjero, la relativa paz social, la establecida política, la reconciliación de los grupos liberales, Díaz logró reelegirse.
Una cámara de diputados integrada desde 1886 por incondicionales del régimen y que había renunciado a todo asomo de independencia y dignidad política, aprobó la modificación de la Ley para permitir una reelección más en 1887, toda vía no era la reelección indefinida, pero esta se logró al poco tiempo en Mayo de 1890 después de realizar un plebiscito a todas luces amañado.
'Porfiriato en méxico (1876-1911)'
Por cuarta vez el genera Porfirio Díaz, rinde la protesta de ley ante el Congreso de la Unión como Presidente Constitucional.
A partir de 1890 Don Porfirio no tendrá adversario. Sus métodos de gobierno, modificados y afinados por 13 años de poder se caracterizaban por dividir a sus colaboradores, enfrentarlos a poyar a uno y a otro por de bajo del agua, rechazar a los que resaltaban elevar a sus opositores.
Para garantizar su reelección, Díaz a poyo la fundación de la junta Central Porfirista, en 1891, que más tarde se convirtió en la Unión Liberal, que celebró en 1892 su Convención y propuso la reelección de Díaz, pero la condicionó recomendando también la observancia de cuatro libertades democráticas: sufragio, asociación, prensa y justicia.
El poder político se había concentrado en un reducido grupo, se había formado una oligarquía que dominaba al país con mano de acero. La partici­pación de otros sectores sociales en puestos importantes de la administración pública estaba totalmente excluida. Al contrario no había ninguna movilidad en los integrantes del gobierno.
Aunque las apariencias de un gobierno republicano se conservaron, como lo señalaba Díaz al periodista Creelman en 1908: elecciones periódi­cas, existencia de tres poderes, régimen federal, nada de esto funcionaba conforme a sus principios.
Aunque republicano el gobierno funcionaba como una monarquía, las elecciones eran una farsa, el poder legislativo y el judicial estaban formados por incondicionales del dictador, la soberanía de los estados no existía en los hechos. Una burocracia inamovible gobernó desde entonces. El Senado fue un asilo de exgobernadores y generales seniles. Había cierta dificultad para ser diputado o senador, pero una vez alcanzado el puesto todo era fácil. Desde 1888 se acabó la historia política nacional y local.
­A pesar de las muestras de oposición, de la crisis económica, de las denuncias de periodistas valerosos como Daniel Cabrera, Antonio Rivera y otros, el aparato político electoral y represivo del porfirismo ya había alcanza­do un alto grado de eficacia. Se llevó a cabo la nueva reelección para el periodo 1892-96.
Desconfiado, Porfirio Díaz mantuvo una relación contradictoria con los “científicos”. Al mismo punto que lo utilizaba para conservarse en el poder, trataba de limitar sus ambiciones políticas y restringir su fuerza. En ocasiones le otorgaba privilegios, pero luego promovió campañas en su contra a pesar de este doble juego, las fuerza de los científicos fue en aumento y en la primera década del siglo pasado influyeron decisivamente en las orientaciones del régimen.

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